“Lo que nos faltaba”, es la expresión común entre los venezolanos afectados por los dos fuertes terremotos seguidos, de 7.2 y 7.5 grados de magnitud, que sacudieron el país este miércoles a las 18:04 hora local. Hasta ahora, las autoridades oficiales reportan más de 188 fallecidos y 1.520 heridos.
Al día siguiente, los caraqueños, aún con el rostro somnoliento y marcado por el miedo tras una noche inolvidable por el horror vivido, hicieron largas filas en estaciones de gasolina y supermercados, temiendo la escasez de combustible y alimentos para sobrevivir a la emergencia que los ha dejado literalmente en la calle.
El epicentro del sismo se localizó en Morón, entre los estados Carabobo y Yaracuy, en el centro del país, pero el movimiento se sintió con igual intensidad en las zonas residenciales de clase media de Caracas. Se trata del terremoto más potente en 126 años, desde el registrado en 1900 con una magnitud de 7.7 grados.
“Hemos tenido que dormir en el Parque del Este con mi familia, dentro del auto, porque mi apartamento está tan dañado que tememos que pueda colapsar con otro sismo”, relató a Clarín un vecino de Los Palos Grandes, quien acampó junto a su familia en el estacionamiento del parque público.
A tres cuadras de la Cuarta Avenida de Los Palos Grandes, el edificio Petunia, de aproximadamente 20 pisos, se desplomó por completo, y los rescatistas trabajan arduamente en la búsqueda de posibles sobrevivientes. “Voy a pasar mi segunda noche en el Parque del Este porque mi apartamento no es seguro hasta que realicen la inspección de habitabilidad”, dijo una vecina damnificada de la zona.
Se estima que cientos de miles de caraqueños han perdido sus viviendas o no han podido regresar a ellas debido a los daños estructurales causados por el sismo. Por precaución, bomberos y rescatistas voluntarios han recomendado desalojar los inmuebles ante la posibilidad de nuevas réplicas en las próximas horas y días.
En la capital, se contabilizan al menos diez grandes edificios que se han desplomado por completo, sin contar aquellos con fisuras, grietas en paredes y balcones fracturados, que resultan inhabitables hasta ser reparados.
Las construcciones más antiguas, de entre 50 y 60 años, han sufrido los mayores daños, ya que no fueron diseñadas bajo normas antisísmicas. Sin embargo, también hay edificios más recientes, construidos en los últimos 26 años, que han colapsado debido a incumplimientos similares.
Las zonas más afectadas en Caracas son Los Palos Grandes, Altamira, Chacao, Santa Eduvigis y San Bernardino; mientras que en el litoral central, La Guaira, Macuto, Caraballeda, Catia La Mar y Maiquetía han experimentado graves daños. El aeropuerto internacional Simón Bolívar de Maiquetía también sufrió afectaciones considerables, por lo que las autoridades decidieron cerrarlo temporalmente. Las calles permanecen bloqueadas por escombros, mientras rescatistas y voluntarios buscan víctimas entre montones de hierro retorcido y restos de cemento y ladrillos.
La tragedia evidenció la precariedad de los servicios de atención ciudadana. Caracas carece de alojamiento suficiente para los damnificados y la capacidad de su cuerpo de bomberos resulta insuficiente para una emergencia de esta magnitud. Esto ha obligado a vecinos de zonas como Los Palos Grandes y Altamira a pasar la noche removiendo escombros manualmente, iluminados solo por teléfonos móviles y generadores privados, ante la ausencia de maquinaria pesada oficial.
El sistema de salud también sufre graves consecuencias: los hospitales públicos de Caracas enfrentan escasez de materiales, medicinas y equipos médicos, lo que limita considerablemente la atención a los heridos.
Además, el terremoto agravó la incomunicación y el bloqueo informativo que afecta a los venezolanos bajo el régimen chavista, que en 26 años ha cerrado o bloqueado alrededor de 600 medios de comunicación, entre diarios, radios, televisoras, portales digitales y redes sociales. Ante la crisis, usuarios en redes sociales exigen la liberación de los canales de internet, como X, para poder informarse sobre la situación de sus familiares y localizar a los desaparecidos.
El anuncio de un fondo de 200 millones de dólares, con recursos del Fondo Monetario Internacional (FMI), llega tarde para una infraestructura nacional sin mantenimiento. El colapso de al menos diez grandes edificios en Caracas confirma que las normas antisísmicas han sido ignoradas durante años, según señala el portal digital La Patilla.
En redes sociales se informó que la cárcel militar de Ramo Verde presentó fracturas estructurales. Foro Penal confirmó que no se reportaron presos políticos lesionados durante el terremoto.
El Comando Sur de Estados Unidos anunció el envío de equipos de rescate y búsqueda a Venezuela. Asimismo, la diáspora venezolana en Miami se ha movilizado junto con organizaciones humanitarias para ayudar a las víctimas.
Por su parte, el Papa León XIV envió una primera ayuda de 100.000 euros a través de la Limosnería Apostólica para contribuir a las necesidades de los venezolanos.
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